Fundación Teatro Joven de Madrid
Teatro Principal de Alicante, 11 de mayo de 2026
Todo comienza con una perspectiva tan infanto-juvenil que a priori parece un error, o simplemente se puede pensar que se trata de una obra dirigida a un público demasiado joven. Van pasando los minutos y con ello las escenas, de modo que aparece el arrepentimiento de no haber confiado en el proceso. “Un monstruo viene a verme” cuenta una historia esencialmente desde el punto de vista de un niño, uno que quiere mantener su inocencia y forma de ver el mundo pero cuya circunstancia no se lo permite. En el preciso momento en el que dejas atrás el pensamiento obstinado de ver escenas “infantiles” abres los ojos a un mundo de un niño cuya imaginación no tiene límites. La forma de representación del monstruo puede ser lo más abrumador debido a su carácter exageradamente ruin y bestial. No obstante, tan rápido como te acostumbras a sus hiperbólicas intervenciones, se va transformando en un monstruo no tan monstruo, quizás uno a ojos de un niño ya no tan niño.
Un monstruo viene a verme cuenta una historia esencialmente desde el punto de vista de un niño, uno que quiere mantener su inocencia y forma de ver el mundo pero cuya circunstancia no se lo permite.
La evolución personal de Conor es una de las temáticas más destacables a lo largo de la obra ya que dentro de ella hay varios subtemas esenciales y emocionantes que se tratan de maneras muy inteligentes. La madurez de Conor es la línea de toda la historia guiada por las enseñanzas del monstruo, que le muestran la importancia sobre la verdad para entenderse a uno mismo. Y es ahí cuando entra la frase más destacable de la obra “las historias importan cuando hay verdad”. Es la magia de contar historias y es que aquellas que pasan a la eternidad lo hacen porque tienen verdad y te hacen conectar con aquello que no reconoces de ti mismo. Esta visión de verdad, unida a la idea de que los pensamientos no nos definen, llevan a Conor a afrontar su realidad aceptando su propia verdad pero perdonándose por la misma. En ese momento entiendes por qué nadie le castigaba nunca, su rencor hacia sí mismo era suficiente castigo para un niño tan pequeño. Por ello, a pesar de que pedía a gritos ser castigado, siempre recibía ese simple “¿para qué?” que tanto le frustraba.
Por otro lado, cabe realzar la figura de la abuela, tanto como personaje y todo su trasfondo como la propia actriz y su trabajo interpretativo. La abuela es la persona que calla, la que causa rechazo a priori, la que ayuda pero a la que nadie soporta, la que intenta mantener la paz pero acaba llevándose los golpes por ponerse en medio. Desde el clímax de la obra hasta el final, la abuela, como supuesto personaje secundario, capta la atención del público cada vez que sale al escenario. Un personaje que pasa de hablar con seguridad a sufrir en silencio y entre lágrimas contenidas porque tiene que ser el pilar que sostiene a la familia. Ningún niño debería crecer antes de tiempo, pero ninguna madre debería ver morir a sus hijos.
Es la magia de contar historias y es que aquellas que pasan a la eternidad lo hacen porque tienen verdad y te hacen conectar con aquello que no reconoces de ti mismo.
Por último, la escenografía, sonido e iluminación han sido cuanto menos adecuados para la atmósfera que pedía esta obra. El empleo de las sillas como estructura principal es fantástica ya que genera dinamismo a los cambios, aunque el abuso del recurso con el paso de las escenas se va haciendo un tanto pesado. El árbol es el claro protagonista del escenario y su estructura permite que no sea un simple decorado sino que se transforma en un actor más dentro de las historias. La repetición de la hora en los relojes del tejo es devastadora cuando entiendes el porqué y la última imágen que te llevas es esa, las 12:07, en rojo, en el oscuro vacío del escenario, no podría haber un final mejor.
Dirección José Luis Arellano García
Traducción David R. Peralto
Escenografía José Luis Raymond y Laura Ordás
Iluminación Juan Gómez-Cornejo (AAI) y Jesús Díaz Cortés (AAI)
Videoescena Álvaro Luna (AAI)
Vestuario Ikerne Giménez
Música Alberto Granados Reguilón
Movimiento escénico Chevi Muraday
DIR. Producción Olga Reguilón Aguado
DIR. Técnica “Está por Ver”
DIR. Técnica LaJoven Daniel Villar
Ayudantía de dirección David Blanco
Regiduría y ayudantía de escenografía Christina Eleftheriadou
Ayudantía de vestuario Laura Camila Forero
Ayudantía musical Antonio Serrano
Técnico de iluminación Óscar Fernández
Técnivo AV David González
Ayt. Técnico iluminación María Díez
Maquinista Raquel Rubio
Prácticas de regiduría Lou Bigué-Suner
Realizaciones Mambo Decorados, Alles Schick (escenografía), Juan Carlos Rodríguez (utilería) Gabriel Besa y Cristina Collado (sastrería).
Guía Didáctica Maite Fernandez, Carmen Yelamos, Elena Trujillo y Paloma Romero
